El profesor perdido

Lo confieso, como profesor, me encuentro perdido en el laberinto del sistema educativo. No sé cuál es la mejor manera de educar, ni de explicar, ni de evaluar, ni de tratar con los alumnos… Después de nueve años, siento que no sé nada. Cuánto más leo sobre nuevas metodologías, más dudas me surgen sobre lo que hago, sobre lo que se hace y sobre lo que se hará. Escucho y leo a todo el mundo, y me parece que todos llevan razón.

Vieja escuela versus Nueva pedagogía

¿Hay que cambiar la vieja escuela por completo? ¿ Abrazar las nuevas metodologías e implantarlas todas?

–“Hay que aprovechar lo mejor del sistema clásico y combinarlo con lo mejor de las nuevas metodologías”

Maravilloso ¿Pero cuál es ese término medio? ¿Y sí existe quién lo decide? ¿El inspector? ¿Los alumnos? Todo profesor alberga en su fuero interno la ilusión de que su método es el mejor, de que es infalible. Y esto se debe a que no hay manera de medir si una clase ha estado bien explicada o no.

¿Quién decide quién es buen profesor? ¿Cómo lo medimos?

–“Son los alumnos los que mejor pueden indicar qué profesor es el mejor”.

Pero cuando oigo esto, pienso en mis tiempos de estudiante de carrera, y recuerdo que tenía profesores a los que yo veneraba y a los que mis compañeros, o bien no gustaban o les eran indiferentes. También recuerdo profesores a los que detestaba, y consideraba que tenían que estar fuera del sistema por dedicarse a leer apuntes en clase, mientras a que mis compañeros sí le agradaban esos profesores.

¿Entonces? Yo esta experiencia la he vivido como profesor, he sentido como en una clase los alumnos me apreciaban y admiraban, y mientras en la clase de al lado, solo por las miradas veías que no tenían muy buen concepto de mí. ¡¡¡Y soy el mismo, en el mismo instituto y en el mismo pasillo, con las mismas explicaciones!!! ¿Por qué pasa eso?

A menudo me ha pasado que realizo la actividad X en un grupo y resulta ser todo un éxito, los alumnos se implican, se divierten y me piden que repita. Al día siguiente hago la misma actividad en otro grupo del mismo nivel, y a los alumnos les parece aburrida, no se implican y me dicen claramente que no quieren repetir. ¿POR QUÉ? ¡Si soy el mismo y he hecho la misma actividad!

¿Alguna teoría pedagógica que me lo explique? ¿Y las rúbricas que dicen de esto? ¿Cómo reflejo eso en mi memoria de evaluación? Bueno, supongo que no importa como lo refleje porque nadie lo va a leer.

 

Memorizar vs Comprender

La escuela clásica se basaba en la pura memorización de contenidos; todos sabemos que lo que estudiamos para un examen, a no ser que lo percibamos como muy útil o muy interesante, nuestra memoria lo desecha. ¿Entonces?:

–   “Tenemos que hacer que el alumno comprenda, y busque una utilidad a la teoría”

  • Genial, pero ¿ya no hay que memorizar?
  • “Hombre, un poco sí, tampoco vayamos al extremo”
  • Vale, ¿y cuánto es “un poco”? Y de nuevo ¿quién lo decide?

¿Ya no tiene sentido que el alumno se aprenda el nombre de los ríos más importantes? “Sí, pero acompañado de una utilidad práctica”. No sé, me llevaré a los alumnos a París, y les diré que ese es el Sena.

 

¿Cómo evaluamos?

Si ya solo evaluamos el hacer las tareas y los proyectos, ¿qué notas ponemos? ¿Se puede evaluar con una nota del 1 al 10? “Las notas no sirven” ¿Entonces qué ponemos?

  • “La mejor manera de que el alumno estudie es motivándolo”
  • Vale, bien. ¿Pero y si en un grupo de 30 lo consigues con 25? ¿Y los otros 5? ¿Los dejamos que se descuelguen?
  • No, hay que buscar una manera diferente de motivarlos.

Las notas no sirven, se dice, ¿pero por qué no se pone entonces otro sistema de evaluación? ¡¡¡Las competencias!!! Pero este sistema es incompatible con las notas numéricas, o uno u otro. Pues no, tenemos los dos, y te las ingenias como puedas.

 

¿Es bueno que un alumno repita?

Mi experiencia me dice que el 99% de los alumnos que repiten suele ir a peor, o al menos no mejoran. O sea, que creo que no sirve de nada. Pero por otro lado, ¿qué hacemos cuando llega septiembre? ¿Pasamos a los alumnos de curso sin más? Repetir no sirve, pero pasarlos sin haber aprobado ¿no es peor? La solución quizá sea, dar los títulos de la ESO, pero especificando los suspensos del alumno en el curriculum. ¿Pero eso no desmotivaría a los que sí trabajan?

 

¿Es que no basta con intentar hacer las cosas con amor?

¿No basta con intentar que el alumno este feliz durante la hora que dura tu clase?….. o al menos, ¿no bastaría con que no se amargase? ¿No es suficiente con querer cambiar el mundo? A lo mejor lo es, pero siempre que vaya acompañado de una rúbrica que no se deje ni un estándar de aprendizaje, ¡ah! ¿Y no hay estándares de aprendizaje que hagan referencia a la felicidad del alumno?

En cada instituto debería existir la figura del orientador para profesores. Porque sí, porque muchos, o al menos yo, nos sentimos perdidos.

Son tantas las teorías pedagógicas que inundan el sistema, estas, unidas a la inmensa burocracia que nos piden desde arriba…. hacen que uno este perdido. Sí, soy el profesor perdido, rellenaré una acta de evaluación haber sí eso me ayuda, me bajaré alguna programación de alguna editorial para arreglarlo o me apuntaré a un curso de la Junta.

1 comentario en “El profesor perdido

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