Por qué cada grupo del instituto debería tener un huerto escolar.



¡Ay, si tuviera una barita mágica! ¡Ay, si al menos tuviese estabilidad en un centro! La que liaría sería épica.

 

Si hay una actividad que puede enriquecer un centro, que puede ayudar a los alumnos, que puede integrar a todas las áreas de la enseñanza… es un huerto escolar. Vivimos en unos tiempos en los que hemos sido alejados de nuestro entorno natural, los seres humanos crecemos entre asfalto y coches. Los niños ya no pueden jugar subiéndose a los árboles, y ya ni siquiera podemos ver animales a no ser que sea en un documental.

 

Alguien que haya crecido en una ciudad, apenas sabrá lo que es una vaca o una oveja sino es por las fotografías. Hoy hay niños que piensan que las lechugas vienen del Mercadona, y cuidado, no les culpo, es el sistema en sí el que ha provocado esto. Y siendo sincero, hasta que yo me metí en el mundo de la agricultura escolar, no tenía ni idea de cómo distinguir un brote de haba de uno de ajo. Como lo cuento. Los mayores se reirán de mí si me leen, pero esa ha sido la educación que he tenido: las plantas las hemos estudiado en libros, pero nunca se nos ha enseñado la práctica, la realidad…. ¡¡¡Con lo fácil que hubiera sido!!!

 

Creo que en cada instituto cada grupo de la ESO debería tener un huerto escolar en el que trabajar todo el año. No hablo de ir una vez al trimestre, ni que lo hagan profesionales para que los alumnos lo vean, no, no hablo de eso. Hablo de que tengan un huerto donde experimentar y trabajar al menos una vez a la semana.

¿Y qué pueden aprender los alumnos trabajando en un huerto escolar?

 

1. En un huerto escolar los alumnos aprenden la importancia de persistir, a menudo parece que no hay fruto, que las semillas no crecen, que la tierra es mala. A menudo pasas mucho tiempo trabajando la tierra sin tener resultados, pero de repente: unos brotes, un pequeño tallo… anuncia el espectáculo de ver crecer el fruto de nuestro trabajo.

 

2. En un huerto escolar los alumnos aprenden a que el éxito depende de múltiples factores. A veces tienes la suerte de que la tierra es buena, la temperatura es óptima, llueve en la justa medida, el huerto está en la luz solar…. Es la conjunción de muchos factores lo que hace el éxito posible.

 

3. En un huerto se aprende que un fallo tras otro es el camino del logro. Plantas, y nada crece, de repente te das cuenta, que o no has regado bien o te has pasado; vuelves a plantar, y nada crece, y te das cuenta de que la tierra no está bien removida y falta abono; entonces vuelves a plantar, y sigue sin crecer nada, y al tiempo descubres que la luz que recibe no es suficiente… Y a base de muchos fallos aprendes y cada vez lo haces mejor.

 

4. En un huerto se aprende que a menudo tenemos pares con los que crecemos, y que el éxito propio beneficia al otro y viceversa, es una sinergia que hace que el equipo explote y consiga todo su desarrollo, lo vemos con los cultivos, hay diferentes especies que pueden crecer juntas; el huerto también enseña que lo contrario pasa, hay plantas que si las pones juntas se dañan la una a la otra, y eso lo vemos en la vida, que hay pares que nos quitan todos nuestros recursos y nos absorben, y para crecer nos tenemos que separar.

 

5. También aprendemos algo importante, que no se puede regar más de la cuenta, si te pasas dando agua, la planta se muere. Las plantas tienen un límite y no podemos pasarlo. Y esto, también ocurre en la vida real, siempre tenemos que dar, pero cuidado con dar demasiado, no sea que ahoguemos al otro.

 

6. En el huerto aprendemos a que plantamos muchas semillas, y no todas crecen, a pesar de que lo hayamos hecho todo bien, y las condiciones sean perfectas. Sencillamente pasa que a veces hay semillas que no crecen. Y por ello tenemos que plantar muchas, para asegurarnos de que una parte importante va a fructificar. En la vida también tenemos que plantar mucho, a veces algunas de nuestras semillas no dan nada, y otras dan mucho.

 

7. Aprendemos a que cada cosa tiene su momento, a que hay plantas que requieren cierto momento de siembra y cierto momento para recolectarlas. Que cada cosa tiene el momento adecuado, y cuando este llega no podemos estar leyendo libros, debatiendo o tomando notas, tenemos que actuar, y cuando se tiene que sembrar se siembra, nada de esperar porque pasa el momento. Y cuando se tiene que recolectar, se recolecta, porque si no también pasa el momento.

 

8. El huerto te hace celebrar el fruto de tu trabajo; es tanto el esfuerzo, que cuando hay un pequeño brote lo celebras porque sabes que es gracias a tu tesón y constancia. Y da igual si el brote es pequeño, lo celebras.

 

9. Y muy importante, en el huerto se puede jugar, en el huerto se puede experimentar, en el huerto se aprende a trabajar en equipo, a coordinarse, a entenderse, a sacar el trabajo entre todos.

 

Por todo esto el huerto enseña a entender la vida, el huerto es un campo ideal para enseñar todos los valores necesarios que el alumno necesita para la sociedad, y más en estos tiempos que corren, donde tenemos que competir con la deshumanización, donde nos hemos agarrado a la pantalla del móvil cómo vía de escape, hoy es más necesario que nunca ir al huerto y reconectar con nuestras raíces.

Por eso, y aquí queda mi granito de arena, animo a que en los institutos construyamos parcelas donde cada grupo de la ESO tenga su huerto